Encender una vela se ha convertido en uno de mis rituales más personales, no lo hago solo por lo bonito del momento, sino por lo que representa: activar una intención.
Cada vez que enciendo una vela Zenda, lo hago despacio, casi como un acto de gratitud. Pienso en lo que quiero atraer ese día: claridad, calma, inspiración o simplemente presencia.
Y hay algo que nunca falta en ese instante: las meditaciones de Zenda en YouTube. Siempre las escucho mientras enciendo mi vela y empieza a arder. Esa mezcla entre la voz, la música y la llama me ayuda a entrar en un estado diferente, más consciente, más mío. Es como si el aroma y el sonido se sincronizaran para recordarme quién soy y hacia dónde quiero ir. Todo esto hace que la experiencia al encender mi vela sea especial y tenga un propósito.
Observar la llama me ha enseñado algo: la energía que pones al encender es la que la vela expande. No es solo fuego; es intención pura. Y cuando lo haces con presencia, el espacio cambia contigo.
No hace falta creer en nada místico, basta con entender que cada gesto puede tener un significado. Encender una vela puede ser tan poderoso como repetir una afirmación:
- “Hoy me centro.”
- “Hoy suelto lo que no necesito.”
- “Hoy brillo con propósito.”
Así, cada vela deja de ser un objeto y se convierte en una herramienta para reconectar contigo. Porque al final, el verdadero arte de encender está en eso: recordarte que la luz que buscas fuera ya vive dentro de ti.
