Con Zenda aprendí que cada fragancia tiene su propósito, y que detrás de cada una hay una intención pensada para acompañarte según lo que necesites ese día. No se trata solo de encender una vela, sino de elegir la vibración que quieres para tu espacio.
Eterna tiene ese toque elegante y envolvente que me recuerda que el tiempo no se mide, se vive. Es ideal para esos días en los que quiero reconectar conmigo, cuando necesito inspiración o simplemente sentirme bien en mi piel.
Alba es pura renovación, huele a comienzos, a mañanas luminosas, a aire fresco después de la lluvia. Es la que enciendo cuando necesito limpiar mi mente y arrancar el día con claridad, es mi recordatorio de que siempre puedo volver a empezar.
Energía Vital es movimiento. Es esa vela que despierta el cuerpo y la mente. Cuando tengo un día intenso o necesito foco, la enciendo y parece que todo cobra ritmo, es como si su aroma me dijera: “vamos, que tú puedes con esto”.
Calma Profunda es mi refugio, tiene esa mezcla que baja revoluciones y me ayuda a soltar el ruido, ideal para cerrar el día o acompañar un momento de meditación. Cuando la llama baila suave y el aroma empieza a expandirse, siento literalmente que mi cuerpo exhala.
Con el tiempo, he descubierto que una vela puede cambiar tu estado de ánimo más rápido que cualquier playlist porque el olfato tiene memoria y, cuando asocias un aroma con bienestar, tu cuerpo lo reconoce al instante.
Así que si hoy tu energía anda dispersa, o si simplemente quieres darle un nuevo aire a tu día, elige una vela con intención; enciéndela, respira y deja que el espacio te responda.
Créeme, los aromas correctos no solo transforman ambientes… te transforman a ti.
